U.S.S. MAINE
Se oía a lo lejos los tintineos de la lámpara de araña del comedor. Avanzaba por el pasillo enmoquetado, silencioso. La gruesa alfombra polvorienta absorbía los ruidos de sus pasos. Estaba tan mareado por el balanceo del barco que no se dio cuenta de que había llegado a la cubierta. Olía a sal y a humedad. El viento le revolvía el pelo y la luz de la luna reflejaba débilmente la silueta de los objetos. Se apoyó en la barandilla y respiró hondo hasta tranquilizarse. Decidió bajar a su camarote para intentar volver a dormirse. Más que las sacudidas del barco, lo que le hacía sentir malestar era el profundo silencio que reinaba, como si toda la tripulación, los pasajeros hubieran desaparecido.
