CAPÍTULO 1
ra se una vez, en un lugar no tan remoto como querrías que estuviese, vivía un párvulo y su consanguíneo en plena flor de la vida. Eran como cualquier familia. Uno era alto, galán y seguro de sí mismo y el otro era más bajo menos guapo y tímido. Su más notaria diferencia era que el hermano mayor tenía un sombrero.
