"La pitonisa leyó la mano de la mujer lectora. En cada línea adivinó un capítulo de su vida: un comienzo feliz, un nudo en la garganta y un desenlace trágico. Desde ese día, la mujer lectora leyó entre líneas." (Esto y ESO). Raúl Vacas.
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miércoles, 25 de mayo de 2016

Let it all out now.

Voy a aprovechar este momento de tranquilidad y este espacio en el que me puedo expresar libremente, para desatarme las correaras y suprimir la censura. Dejar atrás los velos de seda y las metáforas poéticas para escribirte y que me leas porque si no estás muy ocupado, me gustaría decirte que…
…me encantas chico.
Y como me lo he guardado para mí mismo, no sé qué pensaras, ni si yo te gustare la suficiente o si te gusto o  no. Si eres sincero o si alguna vez se me ha notado y ya lo veías venir… Tampoco sé si estarás subido al coche de otro o si estarás a medio camino o atropellado y no sabes dónde ir. No sé si esteras perdido. No sé qué opinaras de mí, si te gustan mis ojos y el color de mi pelo o si te encantan mis codos o la silueta de mis piernas. No sé si te agrada mi voz, si se te nota en la respiración al oír mi nombre. No sé si te resulto interesante o al menos curioso o si de verdad me sientes cómodo o si esto durara, o durara para siempre o no hay ningún esto.
Pero, si tienes algo de tiempo para desperdiciar, podríamos ir a explorar un rato y averiguar dónde arde lo que arde, surfear montañas, bucear en el cielo y pintar nuestro atardecer desde tu ventana.

Y no sé cuándo, cómo ni por qué me comprare unas zapatillas nuevas, me peinare e iré si me dices ven para leerte y acariciarte y besarte y pasearte y abrazarte y tenerte y quemarte porque me encantas chico, si no estás muy ocupado.

Santiago García.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Lo que se ve por encima de las nubes.

Estoy seguro, yo ya he aprendido suficiente, ¿y sabes?, el día pasara y la vida seguirá, ganaran los mismos y perderán los de siempre, pero quizá si eres paciente, si dejas de correr -y te perdonas- la vida deje de ser ese autobús que se escapa justo cuando llegabas a la parada. Que tú y yo sabemos que solo existe una aspirina para el corazón... y que a veces las medicinas no saben bien cuando aún están en la boca.

Solo quería hacerte saber que no lo vi venir, que no es culpa de nadie. Que no necesito buscar, que ya te he encontrado. Que sin querer haces que todo lo demás desaparezca, y solo quedemos tú, yo y lo que dijo el cielo. Que quiero que mis manos huelan a ti. Que no quiero que seas Peter Pan y que esto sea una historia triste porque no te atrevas a vivir. Que me rindo ante ese helado de fresa. Que no hace falta que sea un día especial, hoy martes 11:27, mañana por la noche, viernes 12, un febrero de año no bisiesto. Que el amor no es algo de lo que te tengas que asustar.

Quiero que la magia del cine desaparezca y que te quedes conmigo cuando se baje el telón. Aquí y ahora. 
Quiero que me acaricies como las olas del mar a la arena, lento, siempre. 
Quiero levantarte la falda, nena. 
Quiero trazar el mapa del tesoro en tu vientre. 
Quiero ser papagayo de tu selva y oso pardo de tu cumbre. 
Quiero llevarte de aventura, viaje de vida y escri(vivir) nuestro atardecer. ¿Qué me dices? ¿Nunca has mirado hacia arriba y te has preguntado qué es lo que hay por encima de las nubes... 



...o a que saben mis labios?




Santiago García


Fuentes: Accidentally in love - Counting Crows
Marwan "El autobús"

martes, 8 de marzo de 2016

El amor mató al hombre.

~  Ver capítulo 1capítulo 2 o capítulo 3  ~


CAPÍTULO 4

En ese lugar extraño, de extraño nombre, y de paradero desconocido permaneció la peor etapa de su vida. Y en el momento en el no pudo tocar más fondo se encontró a si mismo más solo que nunca en ese lugar, habitado por extraños desconocidos con caras agradables, llorando encima de la mesa que gobernaba el salón. No solo en la mesa, por la ventana no se veían más que siluetas debido al vaho de su respiración agitada e incluso la lámpara y un baúl de color semejante al de la cáscara de una castaña o al del pelaje de una ardilla habían soportado todo aquella agonía y sufrimiento descarnado. 
No sé si fue cuando se quemó (a propósito) los dedos o cuando empezó a romper tazas de cristal arrojándolas por la ventana cuando se dio cuenta (o se quiso dar cuenta) de que todo su tormento había estado conducido por un sombrero. 
Un sombrero (un jodido sombrero) le había arruinado la vida. 
Cuentan (o dicen que cuentan) los rumores de los que lo veían (o dicen que lo veían) a veces que cuando más se enfadaba la cabeza le daba vueltas y de tanto pensar le salía humo de la cabeza. Empezó (o continuó abiertamente) a odiar a su hermano aunque fuera su hermano. Se contradecía a si mismo frecuentemente (o no). Su perfecto hermano que le había robado todo (o eso pensaba él). Quizá con un sombrero así también hubiera hecho eso (eso de quedarse con la chica y ser feliz) (¿lo hubiera hecho?). Quizá así habría sido igual de perfecto y esbelto. Ese pensamiento le deformó aún más el pensamiento. Y empulfenzó a conprestruir slumbreiros a mano. Digo slumbreros aunque él solo quisiera uno por que a la primera evidentemente no le quedo todo lo estupefaciente que él quería. Ni a la primera ni a la veintiunmilésima octingentésima septuagésima quinta vez. 
No se sabe (o no se o no me acuerdo) muy bien que fue de él ni de por que se quedó encerrado eternamente en la hora del té pero los slumbreros no eran suficientes ni él era suficientemente bueno para si mismo y para sobrevivir regaló (o vendió) los sumbreros. Sí los regalo, porque para sobrevivir no necesitaba dinero sino no ahogarse con ellos en su nueva casa (de la que echaron porque el miedo de los aldeanos y de los muebles acrecentó) y acabó marginado de la sociedad tachado de demente. 

Y así es como acabó (o no) nuestro dulce pero corrompido pequeño, porque el amor mató al hombre pero solo un sombrero puede enloquecer a un sombrerero.






FIN


Santiago García (Ilustración hecha por Santiago García)





martes, 23 de febrero de 2016

La razón por la que sonrío sin por que.

En preguntar lo que sabes 
el tiempo no has de perder.. 
Y a preguntas sin respuesta 
¿quién te podrá responder?


Me subí al autobús y pude admirar en esa milésima de segundo como tus ojos buscaban los míos mirándote una última vez. Y me senté en uno de esos asientos mirando hacia atrás por si decidías correr para detener el vehículo y darme otro beso. Mi cabeza aún se preguntaba, que hacía en aquel lugar en aquella hora, si ese camino llegaba a algún sitio, si se estaría mejor contigo en la silla vacía de al lado, si de verdad era invierno y que si de verdad eso era ser feliz.
Cuanto más me alejaba más me dolía la cabeza. Era un dolor punzante y continuo. Había pasado en muy poco tiempo de estar contigo abrazado a estar sentado en un autobús lleno de desconocidos de caras tristes y a un cielo cada vez más oscuro. El contraste entre mi cabeza y los fríos tiempos que pasan era demasiado grande y sentía mi cráneo comprimir mis pensamientos como cuando se baja de lo alto de una montaña y las botellas se aplanan.
Y la distancia se hacía más larga y cuanto más larga más pensaba en la siguiente vez que te fuera a ver o si de verdad habría otras. Eras demasiado grande para mi cabeza. Y eso que había desechado ya a mi familia, mis estudios, mis amigos, mi vida. Pero aun así no cabías.
La situación era cada vez más complicada, cada minuto más doloroso. Mi mente no estaba lejos de explotar y ya había comenzado la cuenta atrás. La catástrofe era inminente. Imparables las consecuencias.

Entonces, ahí mismo, en público, sin razón, sonreí.


Santiago García.




miércoles, 13 de enero de 2016

El amor mató al hombre.

CAPÍTULO 2

Y así pasaron interminables días, largos meses y un sinnúmero de lustros en los que se mantuvieron juntos. Hasta que en el momento menos esperado, sin tanto referirse a un día de improvisto sino que era aquello que no deseaban su llegada, ese fue el día en el que el más pequeño enfermó. Ella no era ni la más hermosa, ni la más risueña, ni la más perspicaz, ni la más tierna en absoluto. Pero él vio algo en ella que no había visto en nadie, no sabría explicarlo con claridad, pero era como ese algo que tienen algunas cosas que hacen que te entren escalofríos, se erice el pelo de todo tu cuerpo y cierres los ojos sin querer. Ella era como la sonrisa tonta que se te queda en la cara cuando llegas a casa tras un largo viaje. Ella era caliente como un abrazo y fría como el primer minuto en la cama. Él no quería absolutamente nada más. Se conformaba con ese algo. Sin embargo ella

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Estoy seguro.

Tú. Me matas. Me mata saber que lo bonito no son tus ojos sino como me miras, haces que no pueda pensar, ¿lo sabías? Es muy frustrante. Y es pues que sin buscarte te ando encontrando por todos los lados, principalmente cuando cierro los ojos. Te apoderas del estribillo y se repite en mi cabeza. Haces que cada frase que escribo no tuviera sentido, como si cada punto levantara una muralla. Como si al juntar la y con la o no formaran una palabra. Son todo letras aleatorias escritas por la parte de mi cerebro que no has conquistado.

sábado, 14 de noviembre de 2015

El amor mató al hombre.

CAPÍTULO 1

ra se una vez, en un lugar no tan remoto como querrías que estuviese, vivía un párvulo y su consanguíneo en plena flor de la vida. Eran como cualquier familia. Uno era alto, galán y seguro de sí mismo y el otro era más bajo menos guapo y tímido. Su más notaria diferencia era que el hermano mayor tenía un sombrero.

viernes, 23 de octubre de 2015

Problema. (Microrrelato)

La velocidad media de una persona de entre 15 y 20 años es de 1 m/s así que a 5 minutos desde la última vez que te vi, me encontraba a 56 metros de mi casa y a 264 metros de ti. Lo sé porque volví y lo calculé. Si contamos con que escogí el camino más corto, a 5 minutos desde la última vez que te vi estaba al lado del parque en el que jugaba cuando era pequeño. Lo sé porque volví y lo comprobé.